Los 3 alimentos que tienes que dejar de comer para reducir tu estrés diario en un 50%

Gracias a Diego de Castro, coach nutricional, por su artículo claro y práctico: los efectos del estrés pueden afectar a tu salud. En el siguiente artículo verás cómo puedes ayudar a tu cuerpo a minimizar los daños.

En el ritmo de vida que llevamos actualmente, podemos ayudar a rebajar nuestro nivel de estrés con unos simples pasos.

Cómo saber si sufro estrés

¿Te notas cansado, nervioso, irritable?

¿Eres muy exigente contigo mismo, buscas la perfección en todo lo que haces, temes fracasar?

¿Tienes cambios repentinos en tu estado de ánimo?

¿Has incrementado el consumo de tabaco, cafés, alcohol?

¿Sufres de insomnio, dolores de cabeza o espalda, mala digestiones o has perdido el apetito sexual?

Si has respondido que a una o varias de estas preguntas es muy probable que estés sufriendo los efectos del estrés en tu vida diaria.

Quiere esto decir que tienes un cóctel de hormonas, potencialmente peligrosas presente en tu sistema a lo largo de todo el día, cada día de tu vida.

Pero, ¿qué es exactamente el estrés? 

Podemos entender al estrés como un mecanismo o respuesta de supervivencia, sin el cual no hubiéramos llegado a nuestros días como la civilización que somos.

Esta respuesta, comandada por una serie de hormonas, se activa, por ejemplo cuando una persona se enfrenta a un inminente peligro.

Imaginemos que nos vamos de vacaciones a una paradisíaca isla en el Caribe. Estamos disfrutando mucho de la quietud, del bello paisaje de arena blanca y el mar azul. Nos encontramos relajados y muy a gusto. Decidimos coger un equipo de snorkel para bucear un poco y descubrir algunas de las maravillas que el Caribe nos tiene reservadas.

Nadando en las cálidas aguas estamos pasando un momento delicioso. De repente vislumbramos a pocos metros de distancia una masa de color blanco-grisácea de gran tamaño, con una mandíbula llena de afilados dientes ¡nadando en nuestra dirección!

En este momento, nuestro corazón comienza a acelerarse vertiginosamente. Bombea sangre velozmente hacia nuestras extremidades para facilitarnos poder nadar rápidamente en busca de refugio del inminente peligro.

Nuestra visión periférica se amplificará para poder decidir con claridad cuál es la mejor forma de escapar.

La presión arterial aumenta, nuestra mente se enfoca exclusivamente en el momento presente.

Tenemos plena lucidez para enfocar todas nuestras acciones en ponernos a salvo de la peligrosa bestia que nos puede aniquilar de un solo bocado.

Después de unas cuantas brazadas y patadas al agua, logramos ponernos a salvo entre unas rocas, donde el temible tiburón ya no nos podrá atacar.

Entonces, al sabernos ya seguros, nuestro corazón comienza  bajar su ritmo, nuestros músculos se relajan. Llegamos a la playa completamente agotados por el susto que nos trajo la posibilidad del encuentro cara a cara con el tiburón. Es posible que hasta nos tumbemos y caigamos dormidos después de tanta excitación.

En este proceso se han liberado una serie de hormonas que han hecho posible que el cuerpo entre en un estado de alerta máxima.

Se han utilizado todos los recursos posibles para poder sobrevivir a esta situación. Sin un mecanismo como este, seríamos parecidos a los vegetales, sin muchas posibilidades de sobrevivir a los depredadores y probablemente no hubiésemos avanzado como especie.

Estrés saludable VS estrés crónico

En estos agitados tiempos en que nos toca vivir, nos encontramos estimulados intensamente desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir. Estamos  sobrecargados de presiones y responsabilidades de todo tipo.

Nuestra percepción de peligro, miedo y sensación de inseguridad se ha trasladado a muchas áreas de nuestra vida. El tiburón de nuestra historia, puede  ser la representación de nuestro jefe, compañeros de trabajo, el banco, la crisis… Puede estar dentro de nuestra propia casa, enmascarado en nuestra pareja, padres, hijos…

Cuando este mecanismo agudo de supervivencia se vuelve crónico, es decir, parte de nuestro día a día nos enfrentamos a un serio desafío para la salud.

El exceso de hormonas del estrés, especialmente la adrenalina y el cortisol nos producen muchos de los síntomas arriba mencionados.

Y con el tiempo, nos inflaman, dañan a nuestro sistema inmunitario, desequilibran nuestra microbiota intestinal y acaban por enfermarnos.  

Ok, estoy estresado… ¿Qué puedo hacer?

Creo que es muy importante tomar consciencia de que en el mundo en que vivimos hoy en día, la inmensa mayoría de la población sufre de algún nivel de estrés.

Existen numerosas técnicas, métodos y terapias, tanto modernas como ancestrales, para ayudarte a reducir tus niveles de estrés. Gracias a ellas puedes vivir una vida más placentera y equilibrada.

El estrés hace daño en tu vida en muchos niveles. Es muy importante que hagas cosas para desestresarte.

No existe una fórmula mágica para liberarte de tu estrés. Aunque si entiendes que el poder está en ti mismo como actor principal de tu propia vida, te volverás dueño de la capacidad de elegir la reacción ante un determinado estímulo.

Si no sabes por dónde empezar me gustaría darte una valiosa pista: cuando estamos estresados tendemos a comer fatal y a cometer muchos errores dietéticos.

Algunos de los errores típicos que cometemos 

Sin una alimentación completa, equilibrada y muy saludable, no estaremos preparados física o anímicamente para superar los estragos del estrés. Nos faltarán los nutrientes básicos que necesita nuestro sistema nervioso para su correcto funcionamiento.

  • Nos saltamos comidas
  • Recurrimos a la comida chatarra porque no tenemos tiempo o ganas de cocinar
  • Comemos mucho más de lo necesario, “comida emocional”
  • Comemos sin tener hambre y nos sienta mal la comida
  • Nos volvemos muy sedentarios
  • Nos olvidamos de hidratarnos
  • Elegimos alimentos y bebidas que agravan notablemente la situación: Azúcar y refinados

El consumo de azúcar entraña numerosos peligros para nuestra salud. Más allá de generar un aumento de la ingesta calórica, lo cual acaba por darnos sobrepeso, los inconvenientes del azúcar son muy diversos.

Antojos, hambre, ansiedad por dulce…

El azúcar simple entra a la sangre demasiado rápido. Crea subidas repentinas de glucosa en la sangre, sobre-excitando a nuestro sistema nervioso, generando inflamación sistémica.

Más tarde provoca las siguientes caídas de glucosa, lo que se conoce como hipoglucemias reaccionales, dejando a nuestro cerebro y músculos hambrientos de más glucosa.

Es en ese momento cuando se activan los antojos y el hambre voraz y te mueres por comer algo dulce, también te sentirás más nervioso y a veces con un poco de “mala leche”.

Necesitas desesperadamente ingerir más azúcares rápidos que volverán a repetir el mismo ciclo anterior. Varias veces al día, día tras día de la semana…

Este ciclo se puede ver con mucha claridad en los niños pequeños. Si observas con atención su excitación al consumir elementos azucarados, como unas chucherías. Y como también pasado un rato les da el bajón y se sienten cansados.

azucar en sangre

Este ciclo de sube y baja de la glucosa en la sangre desequilibra por completo a tu sistema nervioso, provoca el vaciamiento de nutrientes esenciales para su correcto funcionamiento y te agota mental y físicamente.

Si persistes en tomar azúcar o alimentos que la contengan, predispones a tu cerebro a que esté desnutrido y sobre-excitado. Mientras consumas azúcar no podrás liberarte del estrés…

¿Y dónde está el azúcar?

En todos estos alimentos hay azúcar o contienen algún tipo de azúcar que te desequilibra:

  • azúcar blanca o de caña integral, de coco, melazas y miel
  • productos elaborados de bollería
  • panificados de todo tipo
  • fast food
  • salsas industriales (tipo ketchup)
  • galletas
  • snacks salados
  • postres lácteos
  • zumos de frutas industriales y naturales
  • bebidas carbonatadas o refrescos
  • pan blanco
  • pasta
  • arroz blanco

El café, ¡veneno negro de los estresados!

Es muy normal que si vives con estrés te encuentres cansado, el día se te haga pesado, no te levantes con mucha energía… Entonces puede que tengas la tentación de recurrir al café para darte ese push que te falta.

Se ha demostrado que el consumo de café es capaz de aumentar los niveles de las dañinas hormonas del estrés y puede aumentar el riesgo de padecer hipertensión arterial.

Si estás con estrés, el café empeora mucho tu situación y puede condicionar tu salud. Ya que evita la correcta eliminación de las hormonas del estrés de la sangre.

Aquí tienes varios artículos en los que podrás ver los estudios más recientes sobre el efecto del café en nuestra salud. 

Esta bebida roba energía de tus reservas para darte un sensación de aparente lucidez pero en realidad genera picos de actividad metabólica para luego llevarte una caída y la consiguiente necesidad de continuar el consumo de esa sustancia para mantenerte todo el día “en la cresta de la ola”. 

Por suerte tienes una saludable alternativa: puedes optar por reducir la cantidad de cafés diarios a 1 como máximo y tomar bebidas como el té verde, o rojo que, contienen teína en menores dosis y aportan una serie de fitonutrientes y antioxidantes muy interesantes.

Lo ideal sería que con el tiempo, no necesites de la cafeína para funcionar.

Refrescos carbonatados con azúcar o endulzantes artificiales

Este tipo de bebidas suelen contener altos niveles de azúcar y por tanto todos los inconvenientes antes mencionados de su consumo.

Además sus sabores están ingeniados para causar una cierta adicción. No es extraño ver a algunas personas bebiendo estos refrescos de a litros.

El mercado te ofrece alternativas sin azúcares, pero ellas acaban siendo un problema también.

Se ha publicado recientemente en la revista Nature que los endulzantes artificiales (como sacarina o aspartamo) son capaces de alterar la salud de tu microbiota intestinal.

Pueden inducir a niveles elevados de glucosa en sangre, un elemento que agrava el estrés y un precursor de la diabetes.

Ten este dato muy en cuenta por si caes en la tentación de consumir productos del primer grupo citado que en vez de azúcar sean endulzados con este tipo de productos químicos nocivos para tu salud.

Si además lo que bebes es una bebida tipo cola o una bebida energizante, estás tomando una gran dosis de cafeína que sobre estimulará a tu sistema nervioso.

Recuerda que si haces esto, los recursos nutricionales de tu cerebro se consumirían más rápido y experimentarás esa sensación de bajón cuando los efectos de los excitantes se pasen.

Recuerda

Eres responsable de tu propia salud. Es tu elección tomar medidas adecuadas para mejorar cualquier condición que te esté afectando.

Infórmate y pasa a la acción para lograr un estado de salud más satisfactorio y equilibrado. Así ganarás en calidad de vida.

¡Si te ha gustado el artículo te invito a compartirlo en tus redes!

Soy Diego De Castro, dietista y coach nutricional. Mi blog es diegodecastro.es y en el me dedico a ayudar a personas con ganas de mejorar a cambiar sus hábitos de alimentación para ganar en buena salud y calidad de vida.

No te vayas sin mi regalo:

*mi informe está avalado por 64 estudios científicos

 

 

1 Comment

  1. Alicia Rodríguez el 13 febrero, 2017 a las 18:21

    Hola Diego, es un artículo muy bueno, lleno de información súper útil.
    Añadiría algunos consejos como, por ejemplo, para aquella gente que no le guste el té y no se pueda despegar del café por su sabor, que se pasen a la opción sin cafeína.
    También recomendaría aportar algunos alimentos como alternativa al azúcar para todas las personas que son adictas y que les cuesta mucho no sucumbir, para hacérselo más fácil, como por ejemplo mencionar la zanahoria o el boniato.
    ¡Un saludo!

Deja un comentario